Contemplar, eso hice anoche. Contemplé. Una estrella. Recordé mientras la observaba como en un leve y lejano dejá vù, varios contemplares anteriores, muy anteriores en mi vida.
Cuando era niño no fueron pocas las veces que miré a las estrellas con asombro. Alguna de ellas, fugazmente, parecía comunicarse conmigo en voz baja. "Tenés una vida por delante para contemplar la majestuosidad del espacio y la belleza de este mundo sobre el que has sido puesto". Imaginaba que me decía: "No te asombrés demasiado ahora que sos apenas un niño. Tus mayores seguro ya te han dicho que tenés mucho por aprender, muchas cosas por ver y comprender con la madurez que el tiempo, los años y la experiencia te van a dar".
Anoche, transcurridos algunos años, tal vez a mitad de camino en mi vida, con un vaso de cerveza fría en la mano y algunas canas en el cabello, volví a mirar a las estrellas, después de mucho tiempo. Me asombró, esta vez, descubrir que parecían incluso más lejanas e inalcanzables que cuando yo era pequeño. Las contemplé con atención. Sólo después de un prolongado intento de comunicación, como rememorando mis antiguos hábitos de niño soñador, una de ellas pareció hablarme. Escuché su voz, aunque con mayor esfuerzo pues parecía mayor la distancia que su voz recorría. Voz que percibí más avejentada, como si el tiempo hubiese pasado para ella tan drásticamente como para mí. No me habló, sin embargo, de aprendizaje o de madurez. Su tono, otra vez, fue de condescendencia. Me pareció desiludionado y hasta exasperado. Me pareció incluso burlón cuando me dijo " ¿Creés poder llegar a mí o a alguna de nosotras cuando después de todo este tiempo tu vista sólo se ha deteriorado? ¿Creés poder llegar con tus palabras a una estrella cuando con esas mismas palabras no lográs llegar a la mujer amada? ¿Pretendés ahora, en tu madurez de hombre, comprender a las estrellas mientras día a día fallás en entender las cosas más básicas que te rodean? ¿Considerás ahora que tus experiencias vividas te permiten recorrer años luz hasta acá cuando sobre la tierra a veces no conseguís recorrer la mísera distancia que te separa de tus seres queridos?
Yo comprendí su mensaje. Continué bebiendo con la vista baja y los pensamientos nublados. Pasaron los minutos. Noté mi vaso vacío. Algo desorientado y triste decidí ir a acostarme. Cerré los ojos y traté de pensar en ella. Intenté hablarle y me venció el sueño.
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