viernes, 9 de marzo de 2012

Antes de Llover

 "Parece que va a llover"- me dice una corpulenta señora que viajaba a mi lado en el 843 que va desde Lagoa hasta Rio Tavares. Sim- respondo en portugués con acento. Me maldigo unos segundos a mí mismo por mi incapacidad de socializar en idioma extranjero. En seguida desecho mis preocupaciones: después de todo mirando a las enormes y negras nubes que cubrían el cielo por completo, cualquier simple mortal hubiese llegado a la misma poco sorprendente conclusión. Miro discretamente a mi casual acompañante como agregando al menos una mirada a tan breve "conversación". Ella me percibe mas no responde con gesto ninguno. ¿Se habrá ofendido la brazuca? No puedo evitar preguntarme. ¿Pensará que soy un gringo de esos que responden con sim  hasta las más vulgares y desfachatadas faltas de respeto?
 Percibo el olor a humedad imperante y miro por la ventana. Un pájaro se esconde bajo un techo de madera y un perro parece percibirlo con orejas tensas, oídos atentos, pero sin emitir ladrido. El ônibus gira lentamente una curva pronunciada y los esconde de mi vista. Aparecen ahora una decena de casas desperdigadas a lo largo de la calle. Observo patios traseros, que ascienden hacia la colina, cubiertos totalmente de pasto, cañas y árboles bajos, los cuales marcan el comienzo del cerro que constituye el fondo de mi paisaje. Pierdo mi atención en la tupida vegetación del verde morro y la recupero al reconocer las cercanías de mi domicilio. Al bajar del ônibus me percato de que ha oscurecido con rapidez. Miro a ambos lados antes de cruzar la calle aún seca, mas el único vehículo que se ve y se oye es el colectivo que se aleja de a poco en dirección a Rio Tavares. Recorro lenta y silenciosamente los doscientos y tantos metros que me separan de mi hogar- o más bien de nuestro hogar, pues la pequeña vivienda es también morada de mi amigo Alejo.
 Aquí y allí sólo oigo insectos que no puedo asociar a su verdadera morfología. Sonidos que creo oír por primera vez y cuyas fuentes sólo imagino con algo de esfuerzo. Algunas luces ya han sido encendidas en el interior de las casas que paso, y sin embargo ni un alma osa darse a ver o salir a presenciar el inminente chaparrón. Finalmente alcanzo la entrada. Abro sigilosamente la cerca y luego la puerta. Alejo levanta primero la vista e inmediatamente las cejas en señal de saludo, al fin del cual prosigue a enceder un cigarrillo. Mi mirada posa aún sobre él. Breves instantes permanezco expectante, tal vez algo sorprendido por la tibia reacción, y no evito comentarle "¡Parece que va a llover!".

No hay comentarios:

Publicar un comentario